miércoles, 15 de mayo de 2013

El rinoceronte lanudo en la península Ibérica


Ya hemos hablado extensamente de la denominada “fauna del mamut” en entradas anteriores. También hemos comentado que durante los episodios de frío más intenso del Pleistoceno Superior, este particular conjunto de faunas se desplazó hacia el sur alcanzando la península Ibérica. Hoy vamos a hablar de otro de sus más famosos y emblemáticos integrantes, el rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis). Junto con el mamut lanudo comparte, entre otras cosas, el triste destino de ser una de las especies, que se extinguió al final de las glaciaciones. El rinoceronte lanudo poseía un tamaño grande, comparable al actual rinoceronte blanco africano. Como peculiaridades respecto a los rinocerontes actuales, presentaba una elevada joroba y, lo que le ha hecho más famoso, una espesa capa de pelo y lana que le recubría todo el cuerpo. Los ejemplares congelados que se han hallado en Siberia nos han permitido saber que sus orejas eran muy pequeñas, lo que constituía una perfecta adaptación al clima frío (evita la pérdida de calor corporal). Poseía dos cuernos, uno frontal y uno nasal muy largo y aplanado, con forma de cimitarra.
Rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis)
Dibujo: Diego J. Álvarez Lao
La presencia de este gran herbívoro ha sido detectada en un total de 25 yacimientos ibéricos, dos de los cuales se han descubierto en tiempos muy recientes en Asturias (hablaremos más extensamente de ellos en futuras entradas, pues nos han proporcionado un material excepcional). Aunque no se ha llegado a encontrar ningún esqueleto completo, sí que han aparecido algunos cráneos relativamente bien conservados, así como mandíbulas, huesos de extremidades y, sobre todo, dientes. Estos restos han sido comparados con ejemplares de otras localidades europeas. Los análisis morfológicos y biométricos llevados a cabo en los ejemplares ibéricos nos demuestran que no difirieron significativamente de los individuos de otras poblaciones europeas, sino que representaron la parte más occidental del área continua de distribución de esta especie en Eurasia.
Las dataciones nos han permitido saber que los rinocerontes lanudos entraron por primera vez en nuestra península hace unos 150.000 años (a finales del Pleistoceno Medio), aunque tenemos pocos datos de esa época más antigua. La mayor abundancia de hallazgos de esta especie se registra entre hace unos 40.000 y 30.000 años (estadio isotópico 3). Los vestigios más modernos de esta especie en la península Ibérica pueden ser fechados alrededor de los 20.000 años antes de la actualidad. La presencia de rinoceronte lanudo en la Península Ibérica se correlaciona con períodos de condiciones climáticas extremadamente frías y áridas, que han sido documentados previamente en otras fuentes de información paleoclimática.
Desde el punto de vista de la paleobiogeografía, su máxima extensión hacia el sur en la Península Ibérica alcanzó la latitud de Madrid (aproximadamente 40º de latitud norte). No obstante, la gran mayoría de los hallazgos se restringieron a las regiones del norte de Iberia (cornisa Cantábrica y Cataluña).
Se ha analizado también la ecología del rinoceronte lanudo en tierras ibéricas (es decir, qué otras especies vivían en su mismo entorno y época) y se ha llegado a la misma conclusión que para el mamut lanudo: el conjunto de especies que acompañaban al rinoceronte lanudo, según ha podido registrarse en los yacimientos ibéricos, no estaba formado exclusivamente por otras faunas de clima frío, como cabría esperar, sino que estaba dominado por especies propias de un clima más templado, entre las que el ciervo solía ser la más común. Al igual que se ha argumentado para el mamut, en los episodios de frío y aridez extremos la fauna del mamut se desplazó hacia el sur, aunque éste no fuese su hábitat más adecuado, ya que los mantos de hielo cubrían extensas áreas del centro y norte de Europa, impidiéndoles encontrar pastos. Se desplazaron, por tanto, en busca de espacios que les proporcionasen alimento, no por el frío en sí, al que estaban bien adaptados. En este desplazamiento hacia el sur, la fauna del mamut procedente del norte no pudo desplazar a los habitantes “autóctonos” de la península, por lo que se mezclaron con ellos. Esta particular mezcla de especies, que no refleja la típica composición de la fauna del mamut y que, hasta la fecha, tan solo se ha registrado en nuestra península, apoya la idea de que el rinoceronte lanudo, al igual que el mamut lanudo, solo llegó al territorio Ibérico ocasionalmente, durante los episodios más fríos del Pleistoceno Superior, mezclándose con las faunas autóctonas en vez de reemplazarlas.
 
Link al artículo original: http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0277379111001417

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